Friday, September 22, 2006

Relato Vivencial de Sol, nuestra corresponsal.

RELATO

Mayo de 2006, camino de regreso desde Portugal a Madrid. Escala obligatoria: Mérida. Lugar deseado por visitar: Museo Nacional de Arte Romano, Rafael Moneo.

Desde que llegué a España, este es uno de los sitios que había seleccionado en el mapa para visitar y ver, por diferentes circunstancias siempre surgían otros nuevos lugares para ir que le ganaban a este, e iba quedando postergado. Cuando pensamos el viaje a Portugal, ya no había excusa, empezábamos por arriba y volvíamos por abajo. Nacho, que sabía bien como era la situación, dijo: …y de vuelta pasamos por Mérida, ¿Qué te parece? Había llegado el momento.

Llegamos por la tarde, un sol de primavera bañaba la ciudad completa e iba delineando los rasgos de esas ciudades que han nacido en otro tiempo. Luego, a cada paso, nos iría dibujando trazos más fuertes en el camino para que nosotros pudiéramos ir re-des-cubriendo cual era ese tiempo.

Emprendimos el recorrido y en un destello se apareció ante mis ojos lo que yo venía buscando: el Museo Nacional de Arte Romano, de Rafael Moneo. (Lo que sabía y no tanto, era lo que encontraría en sus alrededores.) Bordeando uno de los lados del edificio iba intentando reconstruir en mi mente, como un rompecabezas desperdigado, las imágenes que había visto desde mi tierra lejana. Hasta que llegamos a un punto, un punto vacío, donde casi diría confluyen el presente y el pasado, un trozo de aire para mirar, para observar, para suspirar… sin duda para detenerse… Hacia la izquierda: el Teatro y Anfiteatro romano, hacia la derecha: el edificio de Moneo ¿qué elegir?

Como en todo, la “maldita” realidad te atraviesa y aunque yo quería ir directamente hacia la derecha, el horario de cierre del Teatro y Anfiteatro estaba más próximo, entonces… el Museo debía esperarse un poco más, pero las cosas se suceden de una determinada manera por alguna razón… que luego, y sólo a veces, logras evidenciar…

Así fue, primero el Teatro y Anfiteatro.
Para alguien como yo, que ha venido de lejos, este tipo de edificios te cautivan… (quizá porque no quedan rastros en nuestra tierra de aquellos tiempos) grandilocuentes, monumentales… En el Teatro, uno imagina el coro y la escena, dialogando… uno imagina ese graderío que se derrama colmado y deseoso de ver las representaciones que allí se realizaban… y se realizan, porque en ese encuadre místico, aún la gente se viste de gala para volver a ver las obras clásicas que continúan re-presentándose… y entonces no lo imagina, lo vive. El ayer y el hoy… nuevamente.
Algo similar ocurre en Anfiteatro, pero allí todo es imaginación, porque ya no hay gladiadores ni fieras capaces de representar, en esa cruz de arena rodeada de una elipse de gradas y palcos, semejantes hazañas y espectáculo.

Dejando atrás el pasado con el corazón inundado y hechizado… por fin llegaba de verdad el momento de ir al Museo. Volvimos a pasar por ese punto vacío y a suspirar…

La puerta del edificio de Moneo te invita a pasar debajo de ese arco de ladrillos de tonalidades diversas que se acota a uno, los ojos se abren más aún, intentando verlo todo… Con paso lento, como degustando en el paladar un sabor dulce y áspero, voy dejándome seducir… miro, observo, vuelvo a mirar, me doy vuelta para ver nuevamente lo que deje… y en un parpadeo confuso, en un instante detenido, desde lo alto se abre la “Nave Central”… vuelvo a intentar reconstruir en la mente el rompecabezas de imágenes, pero ahora es real y mucho más grandilocuente aún… Se hace un silencio y me quedo con la mirada perdida en ese espacio que deseo atravesar… (Miro a Nacho, lo abrazo y me siento afortuna… siempre que veo alguna de estas obras que arranqué de algún libro para hacerlas reales siento lo mismo) Vuelve a correr el reloj… y yo me apuro lentamente y tan contradictoriamente como lo digo… bajo, y entro a ese espacio que es hoy pero con proporciones y alma de pasado… la luz entra desde el techo-cielo iluminándolo todo… y todo se dispone cuidadosamente en su sitio… cada detalle. Empieza una lucha, entre el edifico y lo que alberga, por predominar pero ninguno gana porque se entremezclan y danzan juntos… el reloj corre y corre… el recorrido te deslumbra, te deja sin aliento… y vuelta a empezar… con el ritmo de lo que se repite y es único. Sube y baja por las bandejas del lateral del edificio que se columpian atravesando los muros y te llevan de lo grande a lo pequeño de la muestra pero también del edificio en ese danzar constante… de las dimensiones, donde los suelos romanos son tapices en las paredes modernas. Empezamos a sentirnos solos y cuando queremos darnos cuenta se acabo el tiempo, debemos irnos… ¿y las raíces?… la cripta ya está cerrada… No, no me puedo ir sin verla… pues mañana habrá que volver…
Antes de salir y atravesando el fabuloso espacio central, Nacho que no tiene nuestra mirada de-formada (por la formación), me revela: -es increíble, este lugar es inmenso pero me siento contenido… Esa es otra parte de su esencia…

Al día siguiente, para finalizar el ritual, volvimos para sumergirnos en la cripta, en las raíces de este edificio que supo recomponer el espacio romano, el Arco de Trajano y el Templo de Diana… que nos hizo danzar con sus ritmos, que nos deslumbró con su luz… que nos evidenció porque las cosas se suceden de una determinada manera (quizá todo hubiese sido distinto si no íbamos antes al Teatro y Anfiteatro romano… quizá no hubiésemos “entendido” ) y que nos supo mostrar sus cuatro dimensiones ¿y cuál es la cuarta dimensión?

A mí me había tocado estudiarlo (el edificio) pero ahora me había tocado sentirlo…

Mérida es así, toda (o toda lo que yo la pude ver)… vas andando y se te aparecen como sueños del pasado… el Circo, el puente romano, las termas, la casa de Mitreo y todo lo que oculta y cubre la tierra como tesoros deseosos de ser des-cubiertos… pero también un puente de Calatrava… pasado, presente y futuro…

Gracias Sol por aceptar el desafío y regalarnos este relato tan cargado de emociones de tu visita al Museo.
Tu frase "antes a mi me había tocado estudiarlo .. pero ahora me había tocado sentirlo".
expresa contundentemente el concepto de la cátedra en referencia a que mas allá del análisis científico objetivo de la obra está la visión sensible subjetiva la que compromete todo nuestro "ser íntegro", todos nuestros sentidos y esta es la única que posibilita la auténtica revelación .
Tu relato reconoce una de las virtudes esenciales de la arquitectura moderna el observador no quieto sino activo dinámico .
El recorrido es entonces el hilo vital y nos parece estar acompañandote . Es como en el "Geidion Space .. Time and Arquitecture". El tiempo... el espacio.. el espacio- tiempo estan presentes .
Felicitaciones y nuevamente gracias
Marcelo

PD . Ah ... me olvidaba saludos a Nacho

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